MASÉ's profileLunas rotasPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
February 10 " A VECES LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN"
Como ya dije empezaría a escribir de nuevo cosillas que me han pasado desde que me mudé aquí. Esta vez es cómodo porque no tengo que hacer un esfuerzo en imaginar ni esperar a la inspiración para escribir algo. Las cosas que me pasan o me han pasado desde que estoy aquí servirían de argumento para una novela corta. Pero no hace falta, las voy a contar en esta entrada tal cual me ocurrió: aquí el día a día es muy raro...
Cuando me mudé aquí sólo me fije en la casa: grande, espaciosa, con piscina (adiós a los calurosas tardes de verano en mi piso de Sevilla, sin poder salir en toda la tarde porque el sol me daba de frente hasta que se ponía), siempre había soñado con una casa con jardin por donde mirar los arboles desde mi mesa de ordenador, leer al sol o pintar con mi caballete fuera pisando el césped, una casa de esas que se ven en las películas…¡ que equivocación! y cuanto derroche de imaginación!. Intenté sacarle el lado positivo al cambio equivocado de vivienda, pensé que habría por allí un sitio donde pasear al aire libre, que sustituyera mis paseos por el río diarios de una hora, en el pequeño jardín se estaba en la gloria, la casa era luminosa, todo esto teniendo en cuenta que era el mes de Abril y que la luz era fuerte y las tardes largas. La parada del autobús estaba cerca, en fin, estuve entretenida comprando cosas para la casa, en poner flores en el jardín que encargamos en un vivero que tardaron en poner casi un mes mas otras dos semanas para poner el césped que lo habrían encargado en Suiza, donde pastan las vacas por lo que tardó en llegar. Ni se me ocurrió tan ensimismada en la casa, dar vueltas por los alrededores, ni de visitar el pueblo, que no estaba muy lejos: aquella urbanización estaba en las afueras, donde ya no se podía construir mas porque la cortaba una carretera que iba a otros pueblos. El día de la mudanza, cuando llegamos, me encontré la casa invadida por los albañiles: estaban haciendo la parte del jardín interno, los arriates donde iban a ir las flores, poniendo todavía los cimientos en la tierra donde iba una parte con losetas y otra con césped: todavía estaban quitando la tierra y metiendo no se que hierros o armazón para que el suelo no se hundiera. En donde iba el jardín de la parte delantera mas de los mismo: una hormigonera, escombros, ladrillos rotos, ¡un desastre!...y sin poner el cemento todavía en el suelo. De los arrietes: nada de nada, todavía no había un ladrillo destinado a donde iban las plantas. Arriba en el tercer piso, donde había un solarium como me dijeron en la inmobiliaria, (aquí en Andalucía una azotea), estaban empezando a poner una caseta porque con tanta casa no había sitio para la lavadora y la secadora. Dando a la susodicha azotea había una habitación donde decidimos a ultima hora, ( sugerencia de los vecinos, que habían hecho lo mismo) tirar un tabique porque de esa manera quedaba como una buhardilla, una habitación espaciosa, que sin tabique ganaba tres metros: allí me encontré mas albañiles, escombros, el suelo sin enlozar, los techos y paredes sin empezar, en fin, que aún estaban tirando el dichoso tabique y aquello parecía con tanto polvo el camino del Rocío, con escombros incluidos. No me dio un ataque al corazón porque lo tengo fuerte, tampoco me podía tirar por la ventana porque seguro que no me mataba desde un tercer piso y tampoco tenía un río cerca para tirarme. Cuando en Sevilla vivía mirando al río le decía a mis hijas con frecuencia cuando me desesperaban -¡¡cualquier día me tiro al río!!- pero claro, aqui, si tenía que ir a la parada del autobús, esperar a que llegase y llegar al puente del Cachorro se me habrían quitado las ganas de suicidarme así que opte por convivir tres largas semanas con los albañiles dentro. Como la casa estaba "tomada" por la guerrilla de albañiles no había sitio para colocar las cajas pues ¡ala!, todo al salón, quitando los enseres de la cocina, a la que le faltaban “detalles”y las cajas de la ropa de las tres habitaciones. Los de la mudanza entraban con cajas sin cesar y me preguntaban -¿señora donde va esto-?. Al principio leía las cajas y decía a la habitación lila, ( de una de mis hijas), -a la habitación rosa- ( de otra de mis hijas), - a mi dormitorio-. Pero al final, cuando no sabía donde poner las cosas decía –¡al trastero!-, que menos mas que era tan grande como una habitación y donde todavía hay cajas sin desembalar a los 10 meses de vivir aquí. Cuando comenzó el frío en Noviembre no encontraba los abrigos ni los chaquetones, así que me tuve que comprar dos nuevos hasta que aparecieran.( Aún hay ropa desaparecida en combate y cajas sin abrir en el trastero, que para entrar hay que coger un mapa, una escalera y vestirte de alpinista). Como los albañiles subían de arriba abajo y de afuera hacia dentro aquello parecía un cruce de semáforos. Me acordaba de esa película que vi tantas veces: “Esta casa es una ruina”: cuando salía de mi cuarto por la mañana, ya vestida, claro, uno me saludaba- buenos días- mientras subía para el último piso, cuando bajaba otro que iba para la parte de afuera me saludaba- buenos días- cuando entraba en la cocina dos desde el jardin me saludaban -buenos días- yo a modo de saludo emitía un gruñido parecido al de un perro rabioso. Los odiaba a muerte: la película era muy graciosa pero a mi maldita la gracia que me hacia la cruz de transito de arriba abajo y de abajo arriba que formaban los que salían y entraban o los que subían y bajaban. ¡yo que había pagado a una casa de limpieza para que mis dormitorios, salón y cocina, todo recién comprado estuvieran limpios!. Con el derrumbe de la pared de arriba la casa entera parecía un polvorón de Estepa: toda llena de un polvillo blanco que había entrado por no se dónde. El encargado de la obra (que aseguró que para la fecha de la mudanza todo estaría listo) le echaba la culpa a que había llovido en Semana Santa, pero aquello estaba ya mas seco que un desierto y cuando iba de visita mientras hacían la supuesta obra siempre me los encontraba tomando el bocadillo del desayuno, el de media mañana o el del mediodía, según la hora que los pillaba, al solecito tan frescos,( la merienda no la tomaban porque todos los días se iban a las 4 de la tarde ¡sin prisas señores, así va España!), con lo cual las disculpas no me las tragaba. Cuando por fin se fueron a primeros de Mayo lloré no se si de alegría o de furia contenida, y encima como la señora de la limpieza se iba a mediodía y ellos terminaron a las 4 me toco a mi limpiar el suelo de polvo blanco desde el ultimo piso hasta abajo, mientras miraba a mis hijas que con el novio de unas de ellas veían un concurso musical, y por mas que las miraba con ojos atravesados llenos de ira contenida, a ver si alguna cogía el mensaje en mi mirada y tenía la condescendencia de echarme una mano me comí un pimiento. Y es que no me gusta pedir nada a nadie: era evidente que necesitaba una mano pero yo para eso soy muy orgullosa y además “mema”. La calle aún no estaba terminada, estaba cortada mientras terminaban los pisos nuevos (sólo en nuestra urbanización había casas) era larguísima, al final terminaba en una carretera y a la izquierda se veía una arboleda ( yo y mi mono de verde), allí podría pasear por las mañanas. Ya un día por fin, decidí salir a dar una vuelta por los alrededores: mucho chales, y mas chales. Me fui a la parada que me dejaba en Plaza de Armas en Sevilla, donde pensaba ir los jueves a clase de pintura. Pregunté por el 155, el único que iba allí. Primera decepción: la parada hacía días que la habían trasladado al pueblo, al lado del puesto de la guardia civil.. Recorrí la distancia: un cuarto de hora andando, bueno empezábamos mal, pero ¿que podía hacer?. Me decidí a dar una vuelta por un paseo, con árboles, junto a la carretera, con bancos, con un suelo muy bonito y anduve un cuarto de hora cuando de pronto: ¡Dios! Allí terminaba el paseo y empezaba el campo, di media vuelta y entré de nuevo por las calles con chales, chales y chales, dando vuelta a la manzana hasta llegar a mi casa. Entonces vi que la calle estaba terminada, que ya no estaba cortada por obras y se podía llegar hasta el final. A la izquierda las tapias de un polideportivo, a la derecha los pisos sin vender: ya podía llegar a la arboleda que veía a lo lejos, junto a la carretera. Cuando terminó la calle giré hacia la izquierda y vi junto a la carretera dos bancos verdes mirando hacía ésta.-¡que raro!- me dije- -¡vaya sitio de colocar dos bancos!-. Seguí la tapia y vi una reja, miré hacia dentro y ¡¡horror!!: un cementerio. Me entró una risa nerviosa, luego me empecé a cabrear: -joder, ya podían haber puesto un ciprés por lo menos como señalización, como los semáforos o las señales de tráfico-. La cabrona de mi vecina me dijo que aquello era un lugar de lo mas tranquilo: claro, si estamos al lado del cementerio, ¡que jaleo van a dar los pobres difuntos!. Y volviéndome hacia atrás y acordándome de todos los ancestros del de la inmobiliaria, de mi vecina y de to lo que se meneaba me encaminé a mi casa, tranquila la calle, vació los pisos y sin querer pensar lo que dejaba detrás. Cuando llegué estaba empezando en la tele Posterguey II, lo que faltaba, ya vi la primera y cambié de canal: desde entonces sueño todas las noches que el suelo se levanta y empiezan a salir ataúdes. Y luego van y me dicen que no me adapto, que no saben porqué me deprimo aquí, sola como una isla enmedio del desierto. Pues todavía tengo que contar mas, pero eso otro día. Comments (1)
TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://milenium22.spaces.live.com/blog/cns!E897F2F458AD27BD!1563.trak Weblogs that reference this entry
|
|
|